La vida quijotesca de Miguel de Cervantes

 

imagesSabemos que el autor del Don Quijote tuvo una vida quijotesca. Sus más célebres quijotadas fueron todas las veces que intentó, mediante novelescos planes, escaparse de las cárceles en las que lo tuvieron cautivo los turcos, luego de haberlo apresado mientras regresaba a España desde Nápoles. Ya había sido un soldado ejemplar, condecorado, en la famosa Batalla de Lepanto, en donde quedó maltrecho con dos arcabuzazos en el pecho y un tercero en la mano, que le quedó tullida. Fue en 1575 cuando una flotilla turca interceptó la galera en la que viajaba junto a su hermano Andrés, compañero de cautiverio. Estuvo cinco años preso en Argel. Durante todo ese tiempo se dedicó a idear todo tipo de planes de fuga, siempre fallidos.

     refranes01La primera vez que intentó fugarse fracasó porque el guía que debía conducir a los fugitivos hacia Orán los abandonó en medio de la nada y no les quedó más remedio que regresar a la cárcel.

     La segunda vez se escondió junto a los demás presos en una cueva oculta, a la espera de una galera española que vendría a por ellos. La galera fue apresada gracias a la delación de un traidor y el resultado fueron más españoles presos todavía. El gobernador de Turquía, que empezaba a fastidiarse, decidió encerrar a Cervantes en un pequeño baño, donde estuvo cinco meses encadenado.

     La tercera vez volvió a trazar un plan para llegar por tierra a Orán que dependía de unas cartas en donde se solicitaban guías y otros recursos. El mensajero que llevaba estas cartas fue apresado. Condenaron a Cervantes a recibir dos mil palos y la sentencia no se cumplió gracias a todos los que intercedieron: de lo contrario la humanidad se quedaba sin el Quijote.

     Finalmente, Cervantes consiguió una suma de dinero de un mercader valenciano que pasó por Argel. La usó para comprarse una fragata capaz de transportar a sesenta cautivos. Cuando estaba a punto de concretase la fuga, luego de intensos y fatigosos preparativos, apareció un nuevo Judas que le contó todo al gobernador turco, a cambio de una jarra de manteca y un escudo. Decidieron trasladar a Cervantes hacia Constantinopla para que quede preso dentro del mismo palacio, donde era ya imposible idear planes.

     Hay que agregar que en todos los intentos de fuga Cervantes decidió asumir toda la responsabilidad para evitarle el castigo a sus compañeros. Antes de delatar responsabilidades de otros prefirió someterse a las torturas.

    En 1580 los padres trinitarios llegaron a Argel con los quinientos escudos que los turcos esperaban cobrar con el rescate y por fin quedó libre. Llegaron justo cuando Cervantes estaba ya en una galera rumbo a Constantinopla, reforzado con dos cadenas y un grillo.

     Desde luego no serían esas las últimas experiencias de cautiverio. Más adelante, en 1597, lo acusaron de robarse dinero público y fue encarcelado en la Cárcel Real de Sevilla. Fue allí donde se le ocurrió escribir un libro llamado El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, publicado en 1609, en donde hay capítulos como “Historia del Cautivo”, seguramente autobiográficos.

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